29 septiembre 2007

Creando al tirano.

Este artículo de la profesora y escritora Beatriz Preciado nos da la oportunidad de ponernos al día de cómo discurre el partido Oprimidos vs. Poder. Contiene una información realmente útil, dada la naturaleza sigilosa de esa antaño sangrienta y ruidosa lucha. Parece ser que los Sistemas Represivos, habiendo perdido la batalla en el terreno de la sexualidad, en el de la conciencia y en el de la pobreza han vuelto su siniestra mirada a los cuerpos.
La señora Preciado, tras un breve repaso a la historia de la relaciones del Poder y los cuerpos - “La modernidad podría ser entendida como un proceso de secularización del cuerpo”- y tras la insinuación de un control político sobre los mismos –“ la diferencia de estatus entre una rinoplastia y una faloplastia pone de manifiesto que un mismo cuerpo se ve construido por distintos modelos políticos”-, pasa a describir y ensalzar las luchas de la nueva generación oprimidos , las “micropolíticas del cuerpo que apuestan por explicitar colectivamente los procesos de normalización corporal y por una re-apropiación insumisa de sus técnicas de producción”.
Como en las antiguas, en esta revolución no faltan ni los héroes ni los profetas. Beatriz Preciado destaca entre ellos a Gregg Furth, que alcanzó notoriedad cuando pidió que le amputaran las piernas, completamente sanas, porque “percibía su propio cuerpo bípedo como contrario a su imagen corporal ideal” . Pese a que la psiquiatría considera peticiones así y similares como trastornos (Body Integrity Identity Disorder), Preciado las eleva a actos de insumisión contra “las restricciones normativas de la sociedad de los cuerpos hegemónicos válidos”. En este misma resistencia coloca al movimiento “cripple” ( tullidos), que “está poniendo en jaque a la industria médica al negarse a que se les implanten prótesis cocleares electrónicas que les permitirían oír”, pues “defienden su derecho a permanecer en la cultura de la sordera”.
Los psiquiatras pueden o no estar equivocados; Furth o los “cripple” pueden o no estar cuerdos; pero es seguro que es una estupidez – y una atrocidad- prescindir voluntariamente de la piernas o de la audición, especialmente si se debe a la “imagen corporal”, o sea, a la estética. Siguiendo esta tendencia esperamos que aparezcan individuos que deseen que les extirpen los ojos ( cultura de la ceguera ) o , incluso, trozos de cerebro (cultura de la burrería) – aunque algunos parecen haber sufrido ya esta operación. Estos “movimientos micropolíticos” –los reales y los que he inventado- comparten una característica: empobrecen al ser humano, le restan posibilidades, le limitan. De ahí que el sentido común los considere aberrantes. Los cuerpos son hegemónicos no por mera sed represora de alguna entidad invisible y todopoderosa sino por mero cálculo vital. Si usted no desea caminar y quiere ir en silla de ruedas, adelante. Pero no se corte las piernas, que no vuelven a crecer y después vienen los disgustos. He ahí la sabiduría común.
Por si hiciera falta apoyar más esta tesis: en todo el artículo no hay ni una sólo mención a las modificaciones corporales beneficiosas. Se debe, claro, a que ningún “cuerpo hegemónico” se ha opuesto a ello. Uno esperaría que, de existir, estos atentos represores atacasen igualmente a estas modificaciones – algunas realmente extravagantes. Pero no ha existido ataque alguno. Porque esta represión sólo existe en las cabezas de los huérfanos de revolución, de los yonkis de las tiranías, de los inútiles para la vida en positivo.

*

Más:
1) Prótesis faciales. Tremendo.
2) Stelarc. El famoso artista posthumano de la oreja en el brazo.

3 comentarios:

Gregorio Luri dijo...

Don Joseph quisiera tirar de la vena cínica y hacer algún comentario mordaz, pero cosas como esta me agotan. Cada vez soy más partidario de crear una isla artificial, para invitar a exiliarse a ella a todos los aquejados de idiocia profunda. ¿Cómo se puede ser tan palurda?

Joseph T. dijo...

Es bastante increíble. Pero no inexplicable. El otro día un amigo me confesaba la envidía que sentía de nuestros padres. Lamentaba de no haber vivido la transición, los grises y todo lo demás. A esta señora le ocurre lo mismo; quiere otro mayo del 68. Sea como sea.

irichc dijo...

¿Por qué nadie ha señalado a Foucault en todo esto?